Muchas empresas crecen más rápido de lo que crecen sus procesos financieros. El negocio avanza, los clientes aumentan, las operaciones se multiplican… pero la estructura contable y financiera sigue funcionando igual que cuando la empresa apenas facturaba. Es ahí donde aparecen tensiones de tesorería, errores en la toma de decisiones o dificultades para entender realmente la rentabilidad del negocio.

El problema no es la falta de esfuerzo, sino la falta de una figura que traduzca los números en decisiones. Y para muchas empresas —especialmente pymes y startups— la solución no pasa por contratar a un director financiero interno, sino por incorporar un CFO externo que aporte visión estratégica sin asumir el coste de un perfil directivo a tiempo completo.


Tu empresa factura más, pero no sabes por qué no queda dinero

Este es el síntoma más habitual. La compañía vende, crece y tiene actividad, pero la caja no acompaña.
Las razones suelen ser:

  • Cobros mal sincronizados con los pagos.

  • Márgenes no controlados o mal calculados.

  • Ausencia de previsión de tesorería.

  • Costes ocultos que nadie está monitorizando.

Un CFO externo detecta rápidamente fugas y desequilibrios, y establece un modelo financiero que hace que la caja deje de ser un misterio.


No existe una previsión clara de tesorería a tres, seis y doce meses

Sin tesorería proyectada, la empresa funciona a ciegas.
Es imposible decidir si:

  • puedes contratar,

  • puedes asumir un proyecto grande,

  • puedes invertir,

  • o necesitas ajustar gastos.

La tesorería es la base de cualquier decisión estratégica, y un CFO externo aporta un modelo vivo, actualizado y comprensible para los socios.


Tienes contabilidad, pero no información para decidir

Muchas empresas tienen la contabilidad “al día”, pero no la contabilidad que sirve para dirigir:

  • No hay análisis por líneas de negocio.

  • No se conoce el margen real por producto o servicio.

  • No existe un cuadro de mando claro.

  • Los informes financieros llegan tarde o no responden a las preguntas clave.

El CFO externo convierte esa información en una herramienta de gestión, no en un registro histórico.


Los socios no tienen claridad estratégica ni financiera

Cuando las decisiones se toman por intuición en lugar de datos, la empresa asume riesgos innecesarios.
Un CFO externo ayuda a:

  • evaluar escenarios,

  • definir objetivos realistas,

  • preparar a la empresa para inversión, financiación o crecimiento,

  • y traducir la situación contable en decisiones concretas.


La empresa está creciendo demasiado rápido (o demasiado lento)

El crecimiento descontrolado genera problemas, pero el estancamiento también:

  • Crecer sin estructura → tensiones de caja.

  • Crecer sin modelo → margen negativo.

  • Crecer sin control → ineficiencia operativa.

  • No crecer → fallo estratégico.

El CFO externo guía al negocio en la fase exacta en la que se encuentra, sin necesidad de un departamento financiero interno.


Se acerca una ronda de inversión o una operación corporativa

Un CFO externo profesionaliza la empresa antes de abrirla a terceros:

  • prepara documentación financiera coherente,

  • ordena ratios e indicadores,

  • identifica riesgos,

  • y estructura la información para que inversores y bancos confíen en el proyecto.

Es una de las razones más comunes por las que las empresas acuden a este servicio.


Para muchas empresas, el punto de inflexión llega justo antes de que aparezcan los problemas reales. Incorporar un CFO externo no es un gasto: es una forma de anticiparse, profesionalizar la gestión y asegurar que cada decisión está respaldada por datos fiables.

En Aranguren trabajamos con modelos financieros adaptados a la realidad de cada negocio: claros, accionables y pensados para que los socios entiendan exactamente cómo está la empresa y hacia dónde puede crecer.

Si necesitas evaluar si tu empresa está en ese punto, podemos analizar tu situación y orientarte sobre si un CFO externo es la solución adecuada.